Estaba en casa jugando con la computadora en compañía de Manuel y Pablo. Nos divertíamos cuando alguien se dio cuenta que se hacia tarde para ese compromiso que teníamos. Yo no sabia de el, o simplemente lo había olvidado. Cuando bajábamos por las escaleras de mi casa, en la puerta nos encontrábamos con nuestras amigas Pau, Victoria, Tamara y Romina. Nos saludamos todos y conversamos un breve instante. Ellas estaban esperando a alguien, nosotros nos fuimos caminando hacia aquel lugar. Estaba anocheciendo, se veía la luna, pero la oscuridad no alcanzaba al mundo. La luz del sol todavía bañaba todas las calles. Caminábamos por la calle; parecía un día de fiesta, un feriado, no había coches. No pude reconocer a ninguna de las personas que pasaba a nuestro lado. Mientras mas me esforzaba a mirarlas, más desconocidas me parecían.
Llegamos a destino. Por alguna razón pude distinguir la esquina en la que estábamos. Era la intersección entre España y Loria. En la esquina, donde actualmente hay un local de ropa, en este mundo había un bar. Manuel, Pablo y yo mirábamos hacia el cielo, como si esperáramos fuegos artificiales. Cuando me cansé de mirar hacia el cielo, baje la mirada y distinguí varias personas que caminaban. Les avise los chicos. Eran las chicas y venían en cámara lenta.
Cuando llegaron, nos dijeron que nos habían estado buscando pero que no lo habían logrado. Su destino, ese bar, en el cual se iba a festejar el cumpleaños de alguien. Nos dijeron que estábamos invitados, yo me asombre, los chicos parecieron saberlo.
El bar, por dentro, tenía un estilo muy irlandés. Una barra de madera, sillas y mesas por todo el lugar; no había casi luz, pero todo se veía con normalidad. Cuando estuvimos cerca de la mesa en la que todos estábamos asignados, reconocí quien cumplía años. Eras vos. Me sentía sorprendido pero a la vez con un grado de suerte por haber estado en el lugar justo en el momento justo. Nos sentamos, a mi lado se sentaron Victoria y Tamara. Del otro lado de la mesa, estaban sentados Manuel, Pablo, y vos. Romina se sentó en la cabecera a mi lado. En la otra cabecera había alguien familiar pero no lo distinguía. Hablábamos como si no nos conociéramos o como si hubiera pasado un largo tiempo desde nuestro último encuentro.
De un momento para otro, como un batallón, llegaron unas 10 personas que venían al festejo. Todos eran conocidos, pero me parece irrelevante contar quienes eran. Me dispuse a pararme para unir mesas ya que no cabíamos todos en una sola. Unimos las mesas, 3 en total. En la mesa original estaban todos los recién llegados, en la del medio vos, y en la otra estaban mis compañeros de viaje con las chicas. Moví una silla hacia la mesa del medio para que no quedaras sola. Estábamos cara a cara. El tiempo se perdió ya que no recuerdo que pasó. Y cuando volví a darme cuenta de donde estaba, sentada a mi lado estabas riéndote. Hablábamos como si no nos conociéramos. Yo miraba a la puerta como esperándote, raro que sucediera porque ya estabas a mi lado.
Te di un beso en tu mejilla rosada, izquierda; y acto siguiente pase mi mano por detrás de ti y la puse en el apoyabrazos. Me sonreíste. Cuando besaba tu cuello, por detrás de tu cabello, vi un tatuaje en la parte de atrás de tu cuello. Me extraño mucho, pero no le di mayor importancia. Recuerdo el tatuaje, tenia las letras del abecedario. Era como los que te regalan en los chicles.
Como locos salieron todos hacia la puerta, iba a suceder algo. Me detuve un segundo a mirarlos y cuando volví la mirada hacia donde estabas, no encontré nada más que la soledad. Ya habiendo pasado la puerta del bar, traté de encontrar a los chicos. Cuando mire hacia el cielo, una lluvia de globos de diferentes colores pasteles cayeron. Eran millones, creaban un hermoso paisaje. Se ve que paso el tiempo, porque cuando me di cuenta ya no había más nadie. Alguien de los que había estado en la fiesta me dijo que iban a un lugar.
Comencé a caminar hacia ahí. Un policía me frenó y me hizo un test de alcoholemia, y después un chiste. Al recordar que te había dado mi celular di media vuelta y caminé hacia el bar. Cuando estaba llegando, me encontré una persona “no grata”, que estaba en el cumpleaños, y le pregunte donde estabas. Me dijo que todavía estabas adentro. Me acompaño y cuando llegamos a la mesa no estabas. La mesa ahora, estaba ocupada por gente mayor. El individuo que iba conmigo me dijo que preguntara por tu padre.
Cuando llegue a la mesa, dos personas de sexo masculino me daban la espalda. Eran grandes, me doblaban en altura y tamaño de tórax. Me corrí unos centímetros hacia un lado y los mire por unos segundos. Reconocí a una de las dos personas, era tu hermano. Me acerque al otro individuo como quien no quiere nada y dije el nombre que me había dicho esa persona que me había ayudado. Con un tono burlón, aquella persona que no reconocía me pregunto para que lo necesitaba. Le respondí, con mucha adrenalina corriendo por mi cuerpo, que te buscaba. El sujeto dijo que su hija, y ahí me sorprendí mucho, ya no estaba.
Ya me estaba yendo muy decepcionado porque no tenia nada de lo que quería, cuando el señor me dijo que esperara. Me iba a ayudar. Agarro su teléfono, marco un par de números y luego acerco el objeto muy parecido a un Startac hacia su oreja derecha.
Comenzó a hablar y luego de unos segundos me paso el telefono. Cuando estuve dispuesto a hablar...
Desperté.
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