domingo, noviembre 12, 2006


Reencuentro con amigos, hermanos y familiares que uno gana a través del tiempo. La causa de esta reunión es el festejo de un cumpleaños. Risas y anécdotas abundan en este ambiente que creamos a nuestro gusto. Me limito a fumar y admirar a cada uno de los integrantes de esta mesa. La noche se abriga con un hermoso cobertor de estrellas. El masaje de una madre calma toda la tensión acumulada por el tiempo y la rutina. La perfección de su técnica me deja tan liviano como una pluma. La tos corta el silencio, siento como si fuera mía. Pedazos de plástico se interponen entre nosotros y el frio toque de la noche. Unos ojos cautivan mi atención, por tener la leve capa de lágrimas aparte de que son los más bellos. Gente que va, gente que viene, el movimiento esta oculto en la calma de la noche. Un nombre despierta un sentimiento olvidado. Unas velas prendidas simbolizan el festejo de un nuevo aniversario. La gula se hace presente escondida en dulces manjares creados con mucho amor. Sigo fumando aunque se que mi vida se acorta con cada pitada, sin embargo nada mancha el contemplar hermosa armonía. Bromas y actos vergonzosos acompañan al café dando el final de nuestra estadía en esta mesa. Se recogen los desechos, se limpia el exceso de toda sustancia ajena a la madera, se juntan cosas que en otro momento hubieran sido olvidadas.

El clima es cálido y una pantalla es la perfecta pieza de una maquina que crea absurdas conversaciones. El aire ya no es tan puro como afuera pero la armonía ha decido seguirnos hasta este nuevo lugar. Sentados alrededor de una mesa, las palabras fluyen de todas las bocas presentes. Igual, siento palabras reprimidas pero a las que no doy suma importancia. Un acto que de seguro no tenía fin malicioso vuelve a traer ese sentimiento olvidado. Ahora lo reconozco, no lo puedo soportar.

El silencio de la noche se ve transgredido por el sonido de la silla mecedora. No puedo dejar de hamacarme aunque sea el único impedimento para poder escuchar a la noche en su esencia. El cielo no es tan puro, nubes que de seguro traerán lluvia abundan en cantidad. Las estrellas siguen ahí, ahora mas escondidas que antes. La leve brisa acaricia mi cara, mis manos, mis labios produciéndome un leve cosquilleo. Es el segundo al hilo, voy a morir. El ladrido de un perro, una tos, el sonido del viento contra el plástico me hacen volver a mi cuerpo. Intento escuchar las conversaciones, el viento y las paredes se llevan las palabras. Distingo el cantar, antes acallado, echándole mas leña al fuego prendido. La amistad se hace presente y me hace volver al mundo real. Necesito papel y lápiz para describir la belleza del mundo, pero es muy cómodo y reconfortante el estado en el que estoy. Un vehiculo se estaciona, saludo, miro a los ojos y digo en voz baja adiós.

Sentado en la parte delantera veo como el mundo corre rápidamente ante mis ojos. La conversación se hace presente pero yo no la comprendo, todavía estoy sentado en aquella mecedora bajo el inmenso cielo. Por primera vez en la noche veo la luna, está partida a la mitad y es más grande de lo normal. El roce de una mano en mi cabello y un conductor irresponsable me hacen volver al auto. Relatos en boca de una dama me hacen estremecer y sentir bronca por el mundo que nos rodea. Hipocresía. El último pasajero se baja y quedo como comienzo todos los días.

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