
Mi personaje inolvidable
Mi madre, un ejemplo
El levantarse ante cualquier caída y no darse por vencido son dos conceptos que Maria Patricia Ziehl me ha inculcado desde mi nacimiento. Mujer de 51 años, divorciada y con dos hijos adolescentes, lucha día a día para darnos lo mejor. Durante toda su vida a sufrido todo tipo de adversidades, pero sin embargo ha sabido salir adelante.
Cuando era niña no tuvo una casa fija. Vivía de aquí para allá ya que su padre, Cristian Ziehl, Mayor del Ejercito Argentino viajaba por todo el país. La anécdota que más recuerdo es de la época en que ella vivía en Comodoro Rivadavia, y como no tenía muchos amigos por causa de estos seguidos viajes jugaba con un pingüino, que tenía como mascota.
Su madre (mi abuela) remarca continuamente que nunca le dio problemas en el ámbito de la educación. Siempre dedicada al estudio y con ganas de aprender un poco más de todo, pasó la primaria y la secundaria con notas perfectas. No tuvo viaje de egresados ya que recorría constantemente la Argentina y tampoco vacaciones de ese mismo año, ya que decidió hacer el ingreso a la facultad para no perder tiempo alguno.
Con 17 años ya estaba en la facultad de Medicina, para estudiar la carrera que tanto le importaba y que quería como su profesión: Pediatría. Con miedo en su primer año de tener que encontrarse cara a cara con algún cadáver, y siendo aun una pequeña, logró salir adelante y obtuvo notas muy buenas. Y con 22 años ya cumplidos esta señorita ya había dado todas las materias de la carrera y estaba tramitando su título.
Entre estos años cabe destacar una tarde en particular, mas exactamente el 15 de diciembre de 1976, en la cual Patricia recibió el golpe mas duro de su vida. Estuvo esperando durante toda esa tarde en la facultad que su padre la pasara a buscar, cosa que nunca sucedería. Luego, horas más tarde se entero de que su padre, ya jubilado, había muerto en un atentado en un cine.
Pero a diferencia de muchas personas, esta joven no se dejo vencer ante la adversidad. Con dolor y lágrimas en sus ojos siguió caminando, sosteniendo a su madre que la necesitaba mucho.
Tras haber ejercido durante algunos años la profesión, en una de las clínicas donde trabajaba, conoció al doctor Carlos Hugo Rodríguez. Este muchacho era marplatense y vivía con su tío en Buenos Aires. Se pondrían de novios y luego se casarían. Pero como ella no era su primera esposa y en ese momento no estaba legalizado el divorcio, tuvieron que irse a Paraguay y casarse.
Su primer hijo, quien les escribe, nació un 2 de enero de 1985 en la zona de Parque Patricios. Dos años mas tarde nacería su segundo hijo, Manuel, quien salio al mundo al séptimo mes de gestación. Sus dos preciados tesoros para ella, hemos sido nosotros (mi hermano y yo).
No hay nada que no admire de ella. Se ha desvivido por darnos todo lo que queríamos. Nunca nos ha faltado nada y aunque el trabajo la mantuvo siempre lejos de mi hermano y mi, nos crió con fuertes valores y muy buena educación.
No se le puede reprochar nada a ella. Siempre ha pensado en los demás antes que en si misma. No hay persona que la conozca que no la ame. Se gana con facilidad el cariño de la gente. Ha sido siempre una persona que mereció más amigos de los que tuvo.
Con el termo bajo el brazo y su mate en la otra mano, ella va hacia la computadora a seguir trabajando. Duerme poco pero ya es un hábito para ella, aunque desearía que el día tuviese unas treinta horas para descansar más. Una mujer simple a la cual el cigarrillo no le ha trabajado ni un poco la voz.
Las fotos viejas mienten cuando nos muestran un retrato de ella en el pasado. No puede ser que la bella mujer de 51 años esté mejor que hace unos veinte. El tiempo y los partos pueden que la hayan desgastado un poco, pero con la ayuda de alguna cirugía ha esquivado los efectos del reloj.
Esta mujer puede ser uno de las tantos ejemplos de que las mujeres son como los vinos, cuanto mas añejos, mejor.Etiquetas: relatos